15 febrero 2017

La relación entre los golpes en la cabeza y la visión

La Dra. Christina Master no es optometrista. Ella es pediatra deportiva. Sin embargo, es una de las coautoras de un estudio que reveló que el 69% de los adolescentes con concusión sufren de problemas de visión funcional. Es otro ejemplo de médicos de diferentes disciplinas que se unen para crear conciencia sobre el vínculo entre la concusión y la visión.

Christina L. Master, es una pediatra de medicina deportiva en el Children's Hospital de Filadelfia. Su experiencia es en medicina de atención primaria de deportes y medicina de lesión cerebral.

Entre sus hallazgos, el estudio demostró que de cada 100 adolescentes diagnosticados con una conmoción cerebral, el 69% también fueron diagnosticados con un problema de visión funcional .

Este estudio es una colaboración entre pediatras de medicina deportiva, optometristas de desarrollo, y una enfermera practicante. Es indicativo de un movimiento multidisciplinario que está generando conciencia sobre los problemas de visión funcional y la terapia de la visión como un tratamiento.

Referencia


Foto de Pellinni

08 febrero 2017

¿Deben usar lentes todos los niños con hipermetropías moderadas?

Una investigación ha demostrado que los años preescolares son un momento vital para que los niños adquieran las habilidades lingüísticas necesarias para tener éxito en la escuela.

En 1965, como parte de la "guerra contra la pobreza" en Estados Unidos, se inició el programa Head Start para ayudar a preescolares de familias de bajos ingresos a mejorar su preparación para la escuela. Sin embargo, cuando el niño comienza en Head Start, puede ser demasiado tarde para ponerse al día con los niños de familias con mayores ingresos.

En un estudio de referencia, Hart y Risley estudiaron a 42 niños de diversos grupos socioeconomicos y raciales cuando tenían entre 7 y 9 meses de edad y hasta los 3 años para entender mejor cómo desarrollan el lenguaje.

Un observador capacitado visitó el hogar de cada uno de estos niños cada mes, registrando cuidadosamente toda la comunicación entre padres y niños. Encontraron una diferencia marcada en la cantidad de palabras habladas al niño, que se correlacionan estrechamente con el nivel socioeconómico (NSE) de una familia.

Un niño de una familia con NSE alto escuchó un promedio de 30 millones de palabras desde la edad de 1 a 3 años en comparación con sólo 20 millones de palabras para un niño en un NSE medio y 10 millones de palabras para un niño en un NSE bajo.

Además, la calidad de la comunicación difería marcadamente por NSE. Los padres en familias con alto NSE usan más afirmaciones y menos prohibiciones, les dan a sus hijos más opciones, y fueron más sensibles al discurso de su niño. Como era de esperar, el niño criado en una familia con NSE alto tuvo más habilidades lingüísticas a los 3 años como lo demuestra el mejor vocabulario; y a los 9 a 10 años de edad tienen mejores puntuaciones en pruebas estandarizadas de comprensión de lectura.

La visión también juega un papel importante en los niños que están aprendiendo a leer. En el estudio Visión en Preescolares-Hipermetropía en Preescolares (VIP-HIP) se planteó la hipótesis de que los niños con 3 a 6 dioptrías de hipermetropía no corregida tendría mayor dificultad con actividades cercanas, como la lectura, que perjudicarían su preparación para la escuela. Para probar esta hipótesis, se usó la prueba de alfabetización preescolar temprana (TOPEL) en un grupo de niños de preescolar con 1 dioptría o menos de hipermetropía y los comparó con un grupo de la misma edad con 3 a 6 dioptrías de hipermetropía no corregida.

El TOPEL es una prueba estandarizada ampliamente utilizada para determinar la elegibilidad de niños para los programas educativos remediales. Evalúa el vocabulario oral y el conocimiento de letras específicas y los sonidos asociados con estas letras.

Las calificaciones promedio del TOPEL para niños de 3 a 5 años es de 90 a 110. Una calificación menor a 90 indica que los niños probablemente tendrán dificultades para aprender a leer y escribir.

La calificación en el VIP-HIP fué significativamente más baja para niños con hiperetropía no corregida de 3 a 6 dioptrías en comparación con niños que tienen graduaciones muy pequeñas. Debido a que el VIP-HIP enrola casi exclusivamente a niños que participan en el programa Head Start la baja calificación del TOPEL tanto en el grupo experimental como en el de control probablemente refleja su reducida exposición al lenguaje durante su niñez temprana.

Se acepta en general que a los niños con hipermetropía alta; con hipermetropía moderada y una esotropia (desviación ocular) manifiesta; o con agudeza visual reducida deberían adaptarse lentes al menos con una corrección parcial de su hipermetropía.

Sin corrección óptica, los niños con hipermetropía alta pueden desarrollar estereopsis subnormal aún en ausencia de esotropia. Si se deja sin tratamiento, los niños con hipermetropía moderada y una esotropia manifiesta están en riesgo de desarrollar ambliopía. Pero no hay consenso con respecto al manejo de niños con hipermetropía moderada sin esotropia o agudeza visual reducida.

La Academia Americana de Oftalmología recomienda que los niños de 2 o 3 años de edad con hipermetropía de 4.50 dioptrías o más usen lentes independientemente de si tienen o no esotropia manifiesta, sin embargo, añaden la advertencia de que esta recomendación fue generada por consenso en lugar de un análisis de los datos publicados.

Además, no se hicieron recomendaciones sobre el uso de lentes en niños de 4 años o más con hipermetropía moderada sin una esotropía manifiesta o una agudeza visual reducida.

Lyons y sus colaboradores encuestaron a los optometristas y oftalmólogos pediátricos sobre sus patrones de prescripción para niños asintomáticos con hipermetropía. Se informó que el 67% de los optometristas y el 42% de los oftalmólogos indicaron que prescribirían lentes para un niño de 4 años con más de 3 dioptrías de hipermetropía.

En la década de 1980 dos ensayos clínicos evaluaron la prescripción de lentes en niños hipermétropes asintomáticos y reportaron una reducción en la incidencia de esotropía acomodativa y ambliopía en los niños que usaron lentes. Sin embargo, una reciente revisión de Cochrane consideró que estos ensayos clínicos tenían muchas fallas.

Hay algo qué considerar al decidir recetar anteojos para un niño con hipermetropía moderada sin esotropía o disminución de la agudeza visual. Hay costos financieros y psicosociales asociados con el uso de gafas en los niños. En muchos casos, los costos financieros son soportados por los padres luchando para pagar las necesidades básicas. Si el uso de lentes es beneficioso para un niño, estos costos pueden ser justificados. Sin embargo, si el uso no es beneficioso, pueden ser inaceptablemente altos.

Dobson y Sebris siguieron una cohorte de niños con hipermetropía moderada y alta sin esotropía desde la infancia y hasta los 3 años de edad. Aunque el 30% de los niños con alta hipermetropía desarrolló esotropía acomodativa, ninguno de los niños con hipermetropía moderada desarrolló esotropía acomodativa. También señalaron que aproximadamente el 90% de los pacientes con hipermetropía moderada y el 50% de los pacientes con hipermetropía alta eran casi emétropes a los 3 años. Por lo tanto, es probable que a muchos niños se les recetaran lentes innecesariamente si a todos los niños con hipermetropía moderada se les recetaran durante la primera infancia.

La hipermetropía es el error de refracción más común en la niñez, y no hay pruebas suficientes para recomendar que se les adapten lentes a todos los niños con hipermetropías moderadas.

Aunque el estudio de VIP-HIP sugiere que los niños en preescolar con hipermetropía moderada y reducción de la agudeza visual tienen peores habilidades lingüísticas, no hay evidencia convincente de que el uso de lentes mejore su desempeño académico. Además, la preponderancia de niños de familias de bajos ingresos, en la población estudiada, limita la generalización de sus resultados.

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Foto de Nesstor4u2

01 febrero 2017

De la hojita del calendario

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.


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